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domingo, 28 de octubre de 2012

El renacimiento y Cervantes


La literatura europea vive durante el Renacimiento una etapa de profundos cambios y fuerte experimentación. Motivados por la renovación general del conocimiento, del arte, la ciencia, los descubrimientos y la investigación, los escritores del Renacimiento entendieron que vivían en el tiempo adecuado para reconducir las tendencias heredades y descubrir nuevas posibilidades.
Una de las formas literarias que más decididamente avanzó hacia sus formas modernas fue la novela, con aportaciones como la Utopía de Tomás Moro -obra de contenido profundamente filosófico pero de estructura prácticamente novelística- o la archiconocida obra de Miguel de Cervantes Don Quijote de la Mancha. El Quijote es, además, una obra particularmente renacentista, capaz de hacer algo que hasta eso momento era prácticamente impensable, como recoger una herencia literaria -en este caso, las novelas de caballerías- y “jugar” con ella, incluso parodiarla hasta cierta sentido, hasta encontrar algo poderosamente nuevo y excitante.

En general, buena parte del “avance” renacentista tiene que ver con la liberación de cargas y obligaciones propias de la literatura medieval. La literatura, por ejemplo, deja de tener un propósito moralizante, y numerosos autores -tales como William Shakespeare, Christopher Marlowe, Molière, Ben Jonson o el citado Cervantes- escriben para entretener y deleitar, no para enseñar o moralizar.

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